julio 22, 2010

Un Breve Ensayo sobre la Ilustración Británica


“(…)la mano invisible, la más famosa metáfora de la economía, sólo fue eso: una metáfora. Como hombre de la Ilustración, nuestro autor [Adam Smith] no trató de procurar para su argumento ningún apoyo sobrenatural”

J.K. Galbraith, Historia de la Economía, Ariel, p. 78.

 El renombrado J.K.Galbraith, prestigioso economista estadounidense, fallecido en 2006, está en lo correcto cuando afirma que Smith, no trató de procurar ningún apoyo sobrenatural para su metáfora.
El porqué de lo anterior es el tema de estudio del presente ensayo, sobre el cual me limitaré a adelantar, que desde cualquiera de las dos miradas acerca del período de la Ilustración que se considere, ya sea como un período irreligioso (visión errada), o como el período que realmente fue, sumamente religioso, el cual quedará en evidencia conforme avancen las presentes líneas, Smith no trató de procurar un apoyo sobrenatural para su metáfora, ya que desde la primera perspectiva, al ser esta irreligiosa algún ente sobrenatural no vendría al caso, y porque desde la segunda perspectiva, la religiosidad era algo asumido socialmente de manera explícita, era una de esos temas que son tan obvios, tan patentes, tan claros para la época, que se consideran conocidos por todos, y que por ende no valen la pena de ser mencionados (aspecto que Smith si realiza, en su primer libro, “La Teoría de los Sentimientos Morales”, 1759), viniendo el problema después, cuando se leen las obras y no se tiene en consideración el contexto en el que estas fueron escritas.
Adam Smith, fue un pensador Escocés del siglo XVIII, ayudante y posterior profesor de Filosofía Moral en la Universidad de Glasgow, el cual es heredero de una tradición religiosa e intelectual que surge durante el siglo XVI, a partir de la Reforma Protestante, de la cual los Anglosajones adscribieron la Doctrina Calvinista. Juan Calvino, de quien deriva el nombre genérico antes mencionado, es un teólogo Francés del  siglo XVI, que reúne su concepción de la Religión en el texto: “Institución de la Religión Cristiana” publicado en 1536, y traducido al español en 1597.
Calvino sienta las bases de una nueva concepción religiosa para la época, y que viene a reformar la situación en que se encontraba la creencia en el viejo continente Europeo. Viene de uno u otro modo a terminar la “chacra” reinante durante los siglos previos, en donde el clero era corrupto y hacía lo que se le daba la regalada gana, abandonando sus responsabilidades como religiosos; viene a terminar con esa supremacía o más bien dicho ese culto al Papa, más que a Dios mismo. La Reforma es un medio para intentar volver a una religión como cabalmente se le entiende, es decir, reservada, austera, al servicio de Dios, ideas que se habían perdido con el transcurso de los siglos, y que primeramente a Lutero, en lo que sería la actual Alemania, y luego a Calvino en Francia, terminaron por hastiar y desencadenaron en el desarrollo de la Reforma Protestante. Esta última tuvo gran aceptación entre las Monarquías Europeas, dado que el reconocer a Dios como máxima autoridad del mundo, los desligaba de reconocer al Papa y de tener que rendir cuentas al Vaticano, permitiéndoles tener mayor control sobre su propio territorio, la tan anhelada y buscada Autonomía en el gobierno (eso por el lado histórico).
¿Pero en qué creía Calvino?, Calvino propugnaba la creencia en un Dios todopoderoso, omnipotente, un Soberano Absoluto que todo lo puede: “(…) desde que en la creación del mundo mostró su potencia, comenzó a mostrarse con ornato visible que lo hace poderosísimo y hermosísimo doquiera que miremos.”[1], creador del mundo y de todo lo que en él se encuentra, y que gobierna su creación en base a un Plan (Génesis 1,28)[2], que ejecuta mediante su Providencia, “(…) no solamente porque Él mueve la máquina del mundo y cada una de sus partes con un movimiento universal, sino también porque tiene cuidado, mantiene y conserva con una Providencia particular todo cuanto creó, hasta el más pequeño pajarito del mundo”[3].
Tal es la Providencia, su efecto y su poder que Calvino señala: “(…) Todos estos sucesos, tanto los prósperos como los adversos, la razón carnal los atribuye a la fortuna, pero cualquiera que haya aprendido por boca de Cristo que todos los cabellos de nuestra cabeza están contados (Cita de la Biblia a Mateo 10,30), buscará la causa mucho más lejos y admitirá como cierto que todo cuanto acontece está dispuesto así por secreto designio de Dios”[4], lo que deja al mundo sin el efecto del Azar, en el cual todo lo que ocurre es por designio de Dios, y porque este así lo quiere.
Ejemplos de la Providencia Divina sobran, y enumeraré sólo uno más para mostrar cuán importante y relevante es dentro de la doctrina: “Por esto mismo, el hombre fiel no hará al Sol causa ni principal ni necesaria de las cosas que tuvieron ser antes de que el mismo Sol fuese creado, sino que lo tendrá únicamente como instrumento del cual Dios se sirve, porque así lo quiere…”[5], Calvino ejemplifica mediante el Sol, que Dios como creador todopoderoso y omnipresente gracias a la Providencia, no requiere del Sol para que la naturaleza siga funcionando, Dios creó el Sol como muchas otras cosas, y el Sol, no es más que eso, sólo una creación Divina, y un buen creyente tendrá por sabido que si Dios así lo quiere puede eliminar el Sol, y la naturaleza proseguirá su curso, y que por ende al Sol no le debe ningún tipo de miramiento mayor más que el ser un medio al servicio de Dios, un medio mediante el cual cumple los designios de su Plan, el que ejecuta mediante la Providencia.
El Dios calvinista es un Dios omnipotente “despierto, eficaz, activo, y siempre en acción”[6], a diferencia del Dios de la ortodoxia Cristiana que sólo creó el mundo, y lo dejó a su Libre Albedrío (noción de Libertad Cristianizada, que el Calvinismo no reconoce), que mediante la Providencia gobierna tanto el cielo como la tierra, de manera tal que todo se rija según el Plan Divino.
Ahora bien, habiendo caracterizado a grosso modo al Dios Calvinista, su potencia, su Plan y el cómo lo ejecuta, es necesario realizar un breve análisis de los hijos de Dios, el Ser Humano.
El Ser Humano es “Reo”[7], según las mismísimas palabras de Calvino, reo de Dios, gracias al Pecado Original cometido por Adán (herencia del pecado original), está corrompido hasta en lo más mínimo de su ser, está maldito. Calvino afirma al referirse a los bebés en gestación: “(…) Los mismos niños vienen ya del seno materno envueltos en esta condenación, (…), porque si bien no han producido aún los frutos de su maldad, sin embargo tienen en sí ya la simiente; y lo que es más, toda su naturaleza no es más que germen de pecado”[8]. De estas breves líneas es claro entonces que para la doctrina Calvinista, el Ser Humano, está maldito y condenado por herencia desde antes de nacer, desde el momento es que es engendrado, y que por esto mismo es puro vicio, que todo su ser es maldad, cada una de sus partes sin exclusión alguna, incluyendo por lo tanto, punto no menor, a la razón. “(…) Todo el hombre no es en sí mismo más que concupiscencia”[9].
Cabe consignar tres aspectos más con respecto al Ser Humano en Calvino, a saber, dada su naturaleza corrupta y por ende su razón viciosa, al ser humano sólo le está permitido el conocer las cosas terrenas, y le están vetadas las  celestiales[10], siendo la primeras las ligadas al mundo presente, y las últimas aquellas relacionadas con Dios, la verdadera justicia, y su Reino. Para las primeras la razón humana tiene competencia, es en estas donde puede enfocar su gusto por el entendimiento (el empirismo como se le conoce hoy en día). Para las segundas el Ser Humano no tiene aptitudes, de aquí se desprende el que no se puedan comprender ni cuestionar las decisiones de Dios, ni mucho menos conocerle, sólo se puede tener una noción de su majestuosidad, gracias a sus manifestaciones en la Naturaleza, que son tales que hasta el más ignorante las puede apreciar, y reconocer.
El segundo aspecto, es su consideración acerca del uso de los medios materiales en el vivir.
Para él no hay problema con su uso, de hecho es más, Dios los puso para el uso por parte del Ser Humano, por lo cual no usarlos sería ir en contra de los designios de Dios (este tema no es menor, y es lo que atrajo a muchas personas a la doctrina, ya que para el Calvinismo la tenencia material, y el éxito económico no eran mal vistos, como sí lo eran en la Ortodoxia Cristiana), sin embargo este uso ha de ser, tan despegado como sea posible, ya que este mundo no es más que un camino de preparación para el Reino de Dios[11]. El uso de ellos ha de estar en un equilibrio, entre no usarlos y usarlos en su justa medida.
Y por último, el tercer aspecto es el de la Elección y la Predestinación, mediante la cual Dios salva a unos, los Elegidos, y condena a otros, lo cual es decidido por Dios a partir de su gratuita misericordia de manera indiferente.[12]  Esta Elección es extensiva a su vez, a las naciones, dentro de las cuales se halla un segundo grado de elección, en donde por mucho que el pueblo esté elegido, dentro del mismo habrán individuos “más elegidos” que otros. Lo anterior es ejemplificado por Calvino mediante el pueblo de Israel.[13]
Adam Smith, si bien es cierto, carga con todo este peso religioso como buen escocés creyente (presbiteranista), del siglo XVIII, es heredero también de un modo de pensamiento que se comienza a estructurar con el Filósofo Natural Isaac Newton, quien se podría decir que es el que da inicio al período de la Ilustración Británica de manera más formal.
Newton, quien creía en la noción calvinista de un Dios Soberano, que gobierna en base a un plan que este ejecuta mediante la Providencia, destinó gran parte de sus esfuerzos a probar cómo era que Dios hacía las cosas que hacía, esto es, probar la existencia de la Providencia, “(…) Cuando escribí mi tratado acerca de nuestro sistema, me preocupé cómo tales principios podrían funcionar cuando el hombre los considera para la creencia en una Deidad, y nada me regocija más que encontrar que ha sido útil para este propósito”[14], lo cual logró a través de la Ley de Gravitación Universal, motivo por el que fue grandemente laureado en su época, y que es lo que trascendió a nosotros, sin el aspecto religioso que tuvo como motor central, por cierto.
La ley estipula: “Toda partícula material del universo atrae a cualquier otra partícula con una fuerza directamente proporcional al producto de sus masas e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que las separa”[15].
Con esta ley Newton, como buen creyente, consciente de que su razón sólo servía para las cosas terrenales, es decir, para lo empírico (de ahí su aforismo “Conocer es Medir”), está mostrando cómo la Providencia actúa entre las creaciones de Dios, y es más, está probando como esta lo hace, siendo esta la relevancia que Newton tuvo para su época.
Newton, una vez probada la Providencia, se percató de que si todo está creado por una Divinidad, bajo un mismo plan que se ejecuta de la misma manera, el mundo podía regularizarse, y por ende generar leyes al respecto. Así, los pensadores posteriores como John Locke, a quien analizaré brevemente a continuación, y el mismo Adam Smith, se dedicaron también a probar como era que Dios hacía las cosas que hacía, pero esta vez en el campo de lo social, en la esfera humana, bajo la misma concepción Newtoniana de las regularidades del mundo, sin considerar el hecho de que no somos reducibles a tan sólo una piedra que cae a la tierra, de que las regularidades en el Ser Humano tal vez no sean tan claras, como si lo son en el campo de lo natural, en el campo de la Física.
John Locke, pensador inglés del siglo XVII, se dedica a estudiar la razón humana, siempre bajo la idea general, de probar cómo es que Dios hace las cosas que hace. El porqué de su estudio, es porque la razón le parece útil, porque ella hace diferentes a los seres humanos con respecto al resto de la creación, le permite jerarquizar, y le va a entregar ventajas, es decir, le va a  ser útil.[16]
Para Locke, como para todo calvinista, la razón, así como toda la creación es fruto Divino, pero a su vez sabe, que esta está corrupta como ya lo señaló Calvino, gracias a la herencia del Pecado Original. Es por esto que señala que la razón sólo tiene competencias para ciertas cosas, en particular lo terreno, pero él es aún más concreto y plantea que no hay motivo para estar disconforme con nuestra razón si se le enfoca a lo que puede ser útil para el ser humano,[17] a saber, lo material, aquello que le brinda comodidad.
Así, usar la razón para lo que es útil es usarla con fines materiales, es decir, usar todo aquello que Dios puso a disposición del Ser Humano en la naturaleza. El ser materialista, pasa a ser una obligación de carácter esencial, dado que el no hacerlo implica contravenir los designios divinos. De esta manera estamos en presencia, de la consolidación del uso de los bienes materiales bajo un sentido espiritual (lo cual ya había hecho Calvino), dado el cual no tiene ningún motivo el criticar a quien acumula, ya que este vendría a ser un “buen” hijo de Dios, digo “buen”, porque sabemos que el ser humano es por naturaleza malo.
De aquí se desprende también, otra noción interesante como es, el que los pobres son seres humanos irracionales, dado que no tienden a lo material, ¡son pobres!, y que por ende están condenados, lo que a su vez los lleva a ser pobres, etc., es una especie de círculo vicioso, que no amerita ser analizado dada la brevedad del presente ensayo, y porque no tiene mucho sentido, ya que no nos lleva a ningún lado.
Locke de este modo, mediante la Razón, que es dada por Dios al momento de la creación, que es limitada, y que es bien usada si con ella se tiende a lo material, está probando como Dios hace las cosas que hace, a saber, cómo lleva a cumplir su Plan (Génesis 1,28), es decir, cómo permite que el Ser Humano se autopreserve, para multiplicarse y someter la tierra.
Esta razón, según como se ha caracterizado es instintiva, tiende a lo material, es una razón impuesta por Dios, donde no hay libertad, dado que Él mediante la Providencia, decide en todo momento las cosas que ocurrirán en todo ámbito. Es así que llegamos a un Ser Humano que se conduce, como los animales en función de sus instintos, y no que actúa, como aquel individuo concebido por los Griegos, en donde la razón era pura y madre de toda decisión.
Así, finalmente, luego de esta extensa contextualización es que llegamos a Adam Smith, calvinista que también con sus escritos busca responder cómo es que Dios hace las cosas que hace. A este respecto la respuesta de Smith, será clara, Dios hace que los Seres Humanos vivan en sociedad, para preservar la especie (cumplir el plan), y este los conduce a través de sus sentimientos, a diferencia de Locke, ya que la razón como está corrupta, los engaña y traiciona, en cambio los sentimientos siempre están, son originales e inmediatos.
Ahora bien, a este Ser Humano corrupto y regido por sus sentimientos, había que de alguna manera controlarle su infinita maldad, para hacer que la sociedad perdurase en el tiempo, y que el individuo se preservase. Esto para Smith se hace mediante la Justicia, impartiendo castigos, ya que estos apelan a los sentimientos, a saber, el miedo a ser castigado; estos castigos vendrían a ser un mecanismo de ayuda a la Providencia que gobierna mediante los sentimientos.[18]
Este Ser Humano regido por sus sentimientos, es preponderantemente  egoísta nos dirá Smith: “(…) Ninguno se propone, por lo general, promover el interés público, ni sabe hasta qué punto lo promueve (...) Sólo piensa en su ganancia propia; pero...es conducido por una mano invisible a promover un fin que no entraba en sus intenciones. (...) Al perseguir su propio interés, promueve el de la sociedad de una manera más efectiva que si esto entrara en sus designios.”[19]
Es por lo anteriormente desarrollado, por la concepción de ser humano que se poseía en la época, y por el concepto de Dios que se manejaba, que la tan famosa metáfora, no puede ser, ni podrá nunca ser considerada, como irreligiosa, o carente de fundamento sobrenatural, dado que la mano invisible, no es más que un eufemismo, para referirse a un medio Providencial para la preservación de la sociedad, y que mediante esta como medio, el Ser Humano se preserve y pueda así dar cumplimiento cabal al Plan Divino establecido en el Génesis 1,28, a saber, la multiplicación de la especie y el dominio de la tierra.


[1] Juan Calvino en Institución de la Religión Cristiana (1536), Libro I, Capítulo V, Página 13
[2] Y los bendijo Dios,  y les dijo Dios: "Sean fecundos y multiplíquense y llenen la tierra y sométanla".
[3] Op. Cit. Libro I, Cap. XVI, Pág. 124, 125
[4] Op. Cit. Libro I, Cap. XVI, Pág. 125
[5] Op. Cit. Libro I, Cap. XVI, Pág. 126
[6] Op. Cit. Libro I, Cap. XVI, Pág. 126
[7] Op. Cit. Libro II, Cap. I, Pág. 168
[8] Op. Cit. Libro II, Cap. I, Pág. 168
[9] Op. Cit. Libro II, Cap. I, Pág. 169
[10] Op. Cit. Libro II, Cap. II, Pág. 184
[11] Op. Cit. Libro III, Cap. X, Pág. 552
[12] Op. Cit. Libro III, Cap. XXI, Pág. 724
[13] Op. Cit. Libro III, Cap. XXI, Pág. 726, 727
[14] Newton, Isaac. 1978. Isaac Newton’s Papers and Letters on Natural Philosophy and Related Documents. Second edition. Edited by I. B. Cohen. Harvard University Press. Cambridge. p. 280.
[15] http://www2.udec.cl/~jinzunza/fisica/cap9.pdf
[16] John Locke en, Ensayo sobre el Entendimiento Humano, (1690), Cap. I, Pág.17, 18
[17] John Locke en, Ensayo sobre el Entendimiento Humano, (1690),Cap. I, Pág.19
[18]Adam  Smith en, Teoría de los Sentimientos Morales (1759)
[19] http://www.piketes.com.ar/www/latinoamerica/argentina/municipalizacion/1.htm